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jueves, 5 de febrero de 2015

PARIS y ROMA - 2015 FEBRERO 4



Sergio, Samira, Flavio
Y dos ciudades distintas.

Esta joven pareja de civilizado estilo italiano contemporáneo me llevó a conocer un nuevo restaurante más romano que italiano, ITA, en la Vía Véneto, casi al frente de uno de mis preferidos del pasado, el Café Pomodoro de Willy.


De más está decir que siempre nosotros tres, Sergio, Samira y yo,  hacemos tertulia de manera irrefrenable. Y la comida romana de ITA no se interpuso ante nosotros en los caminos por donde transitaron nuestras agitadas navegaciones verbales.


Pero aún así a pesar de nuestro fervor latino muy pronto sentimos necesidades urgentes de aventurarnos por otros territorios más allá de las fronteras emotivas de la Roma culinaria. 

De manera que para corresponder de alguna manera equiparable a las gentilezas de Sergio y Samira para conmigo, los convoqué para continuar nuestro encuentro nocturno nada menos que en el Wine Bar Tanino, de mi gran amigo chef Fabien Migny, el “tout-Paris” de Panamá.


En donde, como siempre, los excesos emotivos e incontenibles típicos de gente espiritualmente joven como nosotros tres encontraron en Tanino un espacio íntimo especialmente abonado para descontrolar los voraces apetitos gastronómicos de gente que también como nosotros, nos sentimos siempre abiertos a la magia de la aventura gustativa del mundo.

Nuestro entusiasmo y vigor no encontró límites en Tanino y quizá ni siquiera nos dimos cuenta que el resto de los comensales estuvieron tan intensos y dichosos como nosotros, gracias indudablemente al fiero genio parisino de Fabien.

Pedimos una botella de malbec argentino que vende “el vecino de al lado”, Canvaggio, quien, “guarda caso!”, cenaba en la mesa de al lado,  y un plato de pulpitos caramelizados y otro de hongos flambeados con jugosas salsas provenzales que estuvieron ambos de colección.


A Tanino estaremos regresando para degustar las ostras frescas que nos llegan cada semana desde el nord-este de los Estados Unidos y que por ser frescas, marinas y barrigonas a Sergio y a Samira estoy seguro que les vendrán espontáneamente las acostumbradas ganas de consumirlas por decenas en cada sentada. Yo me prometo  acompañarlos siempre que haya una buena “Blanc-de-Blancs” original de la Champagne.


Salud.

Flavio.

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