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lunes, 21 de octubre de 2013

Madrigal y Remirez de Ganuza - 2013 oct 19

Flavio Velasquez, Luis Alberto Martinez, Bodegas Remirez de Ganuza – Director, Borja, hermano de José Ramón, Andrés Madrigal, Jose Ramon Urtasun, asociado a Fernando Remirez de Ganuza y Lynda Luna.
EN LA MESA DEL CHEF  DEL RESTAURANTE MADRIGAL,
CASCO VIEJO, CIUDAD DE PANAMA.


BODEGAS 
REMIREZ  DE  GANUZA

CON

ANDRES MADRIGAL


Andres Madrigal, cuyo Santo es el patrón de los cocineros, sigue siendo madrileño de nacimiento, aunque siga persiguiendo los misterios del  posicionamiento transoceánico en donde por el intenso tráfico de gentes jóvenes  y de cosas nuevas se están borrando por todas partes las estúpidas fronteras del alma y de la tierra.
Y ahora muchísimos  jóvenes del mundo, como algunos de los viejos foodies de antaño,  viajan por el mundo más por la curiosidad y el gustazo de comer y beber bien que para otra cosa.
Aunque una plaga mortal de  obesidad y de consumo tóxico se agita sobre el planeta para agredir la moderna opción civilizada que está al alcance de todos y que nos invita al  consumo culto y sano de vinos y de comidas de atractiva calidad.
Frente a la  terrible pandemia en curso de empeoramiento del “síndrome metabólico” y sus  plagas asociadas, como la cardiopatía y la diabetes2,  entre las ocho letales dolencias conocidas que se abaten sobre ricos y pobres, las cuales son ocasionadas por el consumo excesivo de azúcares y por  la carencia de fibras en los alimentos diarios, se yergue ante nosotros desde hace algunos años la bella opción curativa de poder disponer y comer  la comida verdadera. Que consiste en ingerir muchísimo menos azúcares e ingerir  mucho más fibras. Es un asunto cultural y político y de eso escribiré luego.
Los cocineros sin fronteras como Andrés quienes además de saber y practicar el arte y la ciencia del cocinar y del comer como debe ser,  conocen sobre todo de buenos vinos y de buenas conversaciones sobre la mesa servida,  en donde presentan sus platos y sus palabras con los cuales expresan sus respetos por la preservación de la espléndida naturaleza vegetal y humana que hoy ponen en vías de extinción los complejos industriales agroalimentarios mediante sus venenosas comercializaciones de productos insanos e incivilizados.
Y ante las críticas alienígenas de quienes acusan a Andrés de estar despeinado, replanteo el juicio revelador de mi hija Ismenia cuando lo conoció:
“¡Solo alguien despeinado como Andrés,
puede cocinar tan bien!”.

Salud.
Flavio.







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