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jueves, 26 de septiembre de 2013

"Madrigal" 2013 sept 24 martes,

Tapas y vinos de meditación.
En el bar de
Andrés Madrigal
Casco Viejo, Ciudad de Panamá.


Andrés Madrigal, como el famoso “Doctor Who” de la BBC, es viajero del tiempo y del espacio.  Y un buen día se detuvo aquí en Panamá para ofrecer algo importante a otros viajeros que  andan también de paso por aquí y por el mundo. Quizás es porque dejó de ser un gran cocinero de Madrid para llegar a ser un gran cocinero de una tierra sin fronteras. Esa que inventó Colón sin saberlo. Pero Andrés es más que Colón, porque es como Panamá, una pequeña replica física de la globalización,  extraviado en el pulular febril del cambio evolutivo y en vías de descifrar el curioso vaivén de las rutas del mar y de la tierra. Y en Panamá desde hace milenios, así en su tierra como en sus cielos,  pasaron todas las rutas migratorias biológicas.  La de los grandes mamíferos hoy extintos, y todavía hoy la de las bandadas de aves migratorias transcontinentales que van y van por  desfiladeros de nubes. Y cuando nuestra especie hace poco aprendió a caminar en dos pies y a fabricar cosas con sus manos por aquí también pasaron ellos con sus cargas de chécheres, de ideas y de ilusiones. Y hoy aquí los panameños fuimos, somos y seremos una multitud perdida en las rutas del ir y venir del tránsito mundial y agobiados por esas pausas discrecionales que practican a menudo algunos viajeros con maletas.  Lo cual para Madrigal y Panamá es bueno porque el riesgoso mundito solidario del campanario pueblerino que aparenta ser  la prueba palpitante del noble orgullo de las naciones, para nosotros los panameños de hoy no tiene sentido, ni en relación con lo de solidario ni tampoco con lo del orgullo de grupo. Panamá, a diferencia de Andrés, contiene al individuo de aquí y de a pié, quien no ha inventado la identidad comunitaria y no quiere de otros el beneficio de la cooperación. Porque los panameños de hoy ya no existen como los de antaño. Aquellos que a pesar de haber tenido solo pasados carentes de futuro, tenían el don del vecindario. Como el mundo sin esperanzas que se han reinventado los europeos de hoy, un mundo retrógrado y cruel, en el cual quieren salvarse con los recuerdos del vecindario. Y aun así no tiene sentido la visión desde el campanario tan encerrada en sus tiempos pasados y en su estrecho territorio,  porque todos los hombres tienen el poder de ver también las lejanías del más allá del mañana y del horizonte cercano. Afortunadamente algunos más que otros dominan poderes más intensos como los  del saber escarbar los pasados del hombre y de su tierra para desenterrar sus verdaderos tesoros ocultos. Y Andrés les tiene servida a todos estos nuevos tipos de hombres la mesa de comer preparada en esas cocinas, que entre paréntesis nacieron, crecieron y se criaron bajo las fecundas sombras protectoras  de las soberbias torres de campanarios de provincia. Pero esas cocinas y esas mesas fueron también cosas viajeras que se llevaron a cuestas sus dueños para huir de sus sitios de pobreza y emprender la marcha por las fantásticas rutas de la esperanza. Y estas filtraciones culturales  se riegan por todas partes a través de las grietas de muros divisorios, físicos y mentales, que todavía resisten el peso del tiempo. Pero esas filtraciones y esas grietas son las que han siempre impulsado hacia adelante a esta humanidad anclada en una realidad que no le pertenece  y que podría ser obra y gracia suya si creyera mucho más en la fuerza de la comunidad y de la cooperación, como en los tiempos del campanario. Y ahora quiero imaginar un solo campanario del mundo y de la humanidad.
Salud.
Flavio.


LA BOTA DE MANZANILLA   Nº 32
“NAVAZOS” – Saca: octubre 2011
100% Palomino Fino
D.O. Manzanilla Sanlúcar de Barrameda
Bodega Miguel Sánchez.
96 puntos.

En el territorio  Marco de Jerez, ubicado en las provincias de Cádiz y Sevilla, Andalucía, hay muchas bodegas extraordinarias y olvidadas que no gozan de la popularidad del mercado post-Parker, como lo identifica el amigo Gobi. Por eso quizá en 2005, tanto Jesús Barquín,  un  profesor de criminología de Granada,  cuya religión podría haber sido la de conocer, amar y tomar vino jerez del bueno, como su amigo Eduardo Ojeda, técnico de las bodegas Valdespino y La Guita  inventaron el Equipo Navazos para visitar todas esas  bodegas de Jerez de la Frontera en las cuales seleccionaron los toneles  olvidados que contenían vinos asombrosos.  Y con ellos crearon sus propias mezclas y marcas de gran clase y calidad, como la botella de esta  foto  proveniente de la colección de vinos superiores del amigo,

Gobinjit Singh Dhaliwal.  http://panamawinereview.blogspot.com/

1978 Castillo Ygay Gran Reserva Especial.
75% Tempranillo+10% Garnacha+12% Mazuelo+3% Graciano
Criado por 18 años en barricas de roble americanas.
Y 10 años más en botellas-
95 puntos.

De la cava de
Gobinjit Singh Dhaliwal

Vino de Mariano García,
Bodeguero de Vega Sicilia de 1966 a 1996
Y después creo sus propios vinos, entre ellos:
Aalto, Ribera del Duero, Tinto Fino.
Viña San Román, Toro, Tinta de Toro.
Mauro, Castilla y León, Tempranillo y Syrah.

 En la foto.
AALTO 2003.
De mi cava
94 puntos








Los participantes Orlando Calvo y Flavio Velásquez a esta cata de vinos superiores y disfrute de tapas magistrales tuvimos también el privilegio de alimentarnos de la erudición enológica del gran amigo Gobinjit Singh Dhaliwal.

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