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miércoles, 3 de noviembre de 2010

"AÑOS LOCOS" 3 julio 2010.


TEMA.
"¡Qué grande sos!"

Sucedió en la mañana, antes de llegar a los tres minutos de iniciada la partida, el gol de Müller que paralizó al mundo. Argentina, que ocupaba estrepitosa desde Ciudad del Cabo, la extensión completa de todo el planeta, dejó de respirar. Porque ese evento improbable no era el inicio esperado de una historia soñada. Y al pasar de eternos minutos el sueño argentino fue pesadilla y terror creciente… dos… tres… cuatro… ¡Dios mío! ¡Cuántas lágrimas antiguas aparecieron entonces! Por dolores de heridas que no cicatrizan, Argentina sabe llorar. Es parte de su esencia. Es un país de individuos muy individualizados que acostumbran decir al resto “Llorá, llorá por vos y Argentina”. Yo digo que es la veta madre de su profunda mina sentimental. Porque repiten con fe inamovible que cuatro a cero no es necesariamente derrota. Ya que la gloria triunfal de argentina es el oro espléndido de sus emociones. Por eso lloraron los pibes del equipo y no pudieron hablar. Y noté que Maradona no pudo llorar, pero habló. Y además, pudo razonar muy bien y a su manera. Para enaltecer el “retorno a las raíces, al viejo camino nunca olvidado que gustan los argentinos”. En sus ilusas palabras él ofreció “el fut que le gusta a la gente”, que es, según él, la gloria de la individualidad que rechaza la técnica de comprimir al individuo en la mecánica colectiva de la escuadra. Una idea, la de Maradaona, en mi opinión tan grandiosa como la del liberalismo manchesteriano, la del capitalismo primordial. La del famoso mito del héroe solitario enaltecido solo de pasiones, esperanzas y aplausos. Del héroe que aparte de eso no necesita nada más de la comunidad. Por eso una vez más muy pocos se atreven a notar la evidencia clamorosa que ganó Alemania y que perdió Argentina. Más bien cultivan el sentimiento irracional que conforta la sensación del: <ni ganó Alemania, ni mucho menos perdió Argentina>. Algo así como lo que cantó El Sonero Mayor, Ismael Rivera, solo se trata de “una piedra en el camino”, o sea, hemos tropezado con una piedra en el antiguo camino de Maradona. Pero en el almuerzo de hoy otra cosa muy distinta e intensa es lo que dijo Sir George: “No vamos a hacer autocrítica. No vamos a aceptar que Alemania ganó porque fue un equipo ordenado y efectivo. Porque así es que hay que jugar. Y que por eso es grande la victoria de Alemania y la derrota de Argentina. Y que perdimos engañados por una táctica ilusoria que no tenía nada que ver con las características del juego que estaba sucediendo”. ¡Bravo! Sir George, ahora El Cartel tiene una frase para grabar en mármol y bronce. Y después de estas frases iluministas acaeció el lúcido uno a cero de España sobre Paraguay mientras almorzábamos bien y bebíamos buenos vinos en Los Años Locos, y nos enfrentábamos todos conversando amistosamente en una dinámica analítica sincera y despiadada. Pero quedó la amargura de la derrota de Argentina y de Paraguay y de las palabras de Maradona. Las cuales significarían que el fut que le gusta a la gente en Argentina podría ser el triunfo del héroe individual, aunque el equipo juegue mal, siempre que el héroe individual gane solo la partida. Ah! Al oír eso, cómo recuerdo a Perón cuando a mis once años en Buenos Aires pude verlo teñido de rosadas fachadas y escuchar el clamor torrencial de multitudes alucinadas que estremecieron la historia: <¡QUÉ GRANDE SOS!>. Entonces mientras se apagaba en mi memoria el brillo de ese glorioso recuerdo, alguien dijo cerca de mi oído, probablemente Sir George, quien fue hoy más elegante que antes y mensajero de los Dioses, que “la Argentina juega fut como vive su vida”. Otro gran pensamiento. Quizá quiso decir que Argentina vive la emoción de la gloria cuando hay al menos un solo pibe que se salva aunque el resto se joda. Y hoy el Dios Messi no se apareció entre nosotros los mortales, pero se sabe que existe y que aparecerá pronto para hacer milagros en otra ocasión, y que por eso quizás hoy muchos ilusionados no quieren hablar de fracaso. Pero lo es. Saludos y abrazos. Flavio.

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