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miércoles, 3 de noviembre de 2010

"CARPACCIO" 19 junio 2010.

El 27 de junio en Inglaterra la amapola roja se usa en la solapa
Para conmemorar a las Fuerzas Armadas. Tiene muchos otros significados simbólicos en muchos países. El más poderoso es el de la Grecia y Roma antiguas: la resurrección y la inmortalidad. Y si se preguntan qué tiene que ver el Poppy Day o la Coca-Cola con el almuerzo de El Cartel de hoy, la respuesta es nada que ver, y quizá el texto del Acta de hoy sábado 19 de junio, que sigue, tampoco lo podrá explicar.

TEMA.
EL DERECHO A LA PEREZA.
Estuvieron presentes los cuatro grandes poderes del Cartel, el Príncipe Don Rodrigo, el CEO Héctor, el Rey Gilles IV y el escribidor del reino, Flavio. Considerando que en estos tiempos de crisis inesperadas, todos los eventos improbables que pueden llegar a suceder no son simples coincidencias, sino complicados imperativos inevitables, me siento obligado a recordar algunas cosas. La primera es que los cuatro jinetes famosos que nos visitarán durante los últimos días de la creación –o sea, Victoria, Guerra, Hambre y Exterminio—son formalmente presentados a la humanidad en el Capítulo Sexto del Apocalipsis de San Juan. Y la otra cosa por recordar es que en este almuerzo-reunión de El Cartel del sábado 19 de junio, en el Restaurante Carpaccio, el Rey Gilles IV nos reveló que vive en el Sexto Distrito de París. Confieso y les aseguro que decir Sexto Distrito es como decir <todo París>. Y decir Sexto Capítulo del Apocalipsis es como decir <toda la Biblia>. Allí en el Sexto Distrito está la sede del Senado de Francia. Instalado en la antigua residencia de la italianísima María de Médicis, Reina de Francia, por ser esposa del Rey Enrique IV. Las italianas cuando se van para Francia en vez de ir a Argentina terminan en Reinas, como Carla Bruni Tedeschi. Nuestro Rey Gilles IV vive cerca del Palacio Médici, en la Rue du Cherche-Midi. Una calle de mil metros de largo a cuyos flancos vivieron personajes de extraordinarios perfiles históricos. Y existen importantes instituciones culturales y científicas. Y en sus aceras se cuentan cientos de locales comerciales de elevada excelencia, como la famosísima panadería Poilane que todavía tiene un candelabro de pan originalmente construido por Dalí. Cada dos años hay que hacer uno nuevo. En el Nº 40 está nada menos que la antigua residencia del Conde de Rochambeau, el general francés que comandó a los once mil milicianos rebeldes que vencieron la gran batalla de Yorktown, la cual puso punto final a la guerra de independencia de los Estados Unidos. Y en el Nº 47 está la residencia de los esposos Paul Lafargue y Laura Marx, hija de Carl Marx. Los tres, como es sabido, son célebres intelectuales. Paul escribió en 1880 un ensayo que muy pocos han leído, excepto en París y Londres, en donde por más de un siglo ha gozado de un inmenso prestigio literario, titulado «El Derecho a la Pereza». Una obra que propone un método para terminar la revolución social mediante el fomento de la tecnología en la automatización mecánica y facilitar así la reducción de la jornada de trabajo hasta lograr un máximo de tres horas diarias de trabajo. Lo cual, según Paul, si se hubiese logrado, habría permitido a las multitudes consagrar su tiempo libre a las ciencias, al arte y a la satisfacción de las necesidades humanas elementales como el entretenimiento deportivo y  social. De allí otra clamorosa tesis noble del gran Paul, “el derecho universal al bienestar”. El CEO Héctor se lució con gran sinceridad a beneficio del Príncipe Rodrigo, aunque no estaba Sir George para que coincidiera con él. Hemos notado que Sir George cada vez con mayor frecuencia coincide con el CEO Héctor. Esto nos lleva del estupor a la admiración, porque en El Cartel o maduras o te joden. Eduardo no llegó y nos quedamos con las ganas del Sautern y de los paté artesanales que trajo Rey Gilles IV como parte del patrimonio cultural de El Cartel. Mauricio no pudo asistir porque viajó al futuro y vio con anticipación que los dos vinos que yo iba a llevar no estaban bien ni iban a ser del agrado de nadie. Y así fue. En cambio nos tomamos tres friulianos merlot Borgo Tessis y un Duero Félix Callejo Crianza. También al final se nos ofreció cortesía de la casa, grappa y Fra Angélico. Pero antes por equivocación nos trajeron el gran Jägermeister, que sin saber a grapa ni a Fra Angélico, también estaba riquísimo. El Jägermeister es un licor alemán de carácter ecológico que contiene entre muchas otras cosas un poco de polvo de semillitas de amapolas. Este licor está diseñado para producir vigor. Fue inventado en 1935 y definido en una ley del Tercer Reich que regulaba la cacería. En esa Ley se estableció el Jägermaister como licor oficial de los grandes maestros de caza, o sea de los jäger (caza) y meisters (maestro). O sea, guardabosques. En la Alemania de hoy se le llama jägerbomb a una mezcla del energético Red Bull con Jägermeister. La verdad es que los gringos anticiparon a los Alemanes en la invención de los tónicos vigorizantes porque dicen y creen que inventaron la Coca-Cola, cuyo ingrediente básico para dar vigor se importó del Perú. La verdad es que a raíz de una de las tantas tandas de prohibiciones contra el alcohol en los Estados Unidos en 1886 se comenzó a vender un tónico medicinal llamado Coca Wine. Que se inspiró en una invención francesa de un italiano que emigró a Paris. Se llamaba Ángelo Mariani y era un científico muy ingenioso. Su invención la llamó “Vino Tónico Mariani, a la Coca del Perú”, el cual al igual que sus clones y descendientes gringos tuvieron un éxito fenomenal e instantáneo porque estos tónicos se promovieron desde el inicio como medicamentos contra el cansancio, la impotencia y la goma. Nos comimos cuatro pizzas. Una de ellas con Nutella, a la cual algunos de nosotros le pusimos helado de vainilla. También dos gnoquis “alla Bava” y un risotto estilo mediterráneo. Los postres fueron sensacionales. Los mejores los hace una hija del Príncipe Don Rodrigo, cuyo nombre es Paloma. El Restaurante Carpaccio me gusta mucho. También su ambiente y su gente. Tiene muy buenos vinos. Al respecto recuerden que los buenos vinos producen buenos amigos. Ciao. Flavio.









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