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miércoles, 3 de noviembre de 2010

"CARPACCIO" 26 junio 2010.


(Shakira dijo sobre su canción “Waka-Waka”, uno de los éxitos musicales del Mundial, que su música “tiene el poder de unir e integrar cada país, raza y religión” al igual que el Mundial, “en una sola pasión”. De más está decir que “waka-waka” se refiere al vínculo más estrecho que nace de la pasión amorosa.)

TEMA.
EN PANAMA TRIUNFA SIEMPRE LA DEMOCRACIA, A LA LARGA.

En mi para nada humilde opinión, el gran amigo Mauricio no es lo que en apariencia parece ser cuando dice lo que dice. Porque, por ejemplo, lo que él expresó hoy en contra del torrijismo primordial no es lo que él en verdad tendría que decir sobre el torrijismo si se expresara en base a las nobles características propias de lo que él en verdad es en el fondo. Hay mucho más y mejor contenido de Mauricio que lo que sale de su boca. Ya que me parece que nuestro querido Mauricio para que se muestre tal y cual es, en verdad, todavía habría que quitarle el bozal, el collar y la cadena. Para que esto que acabo de decir, aunque lo sea, no sea polémica, quiero postular que Mauricio tiene razón cuando de manera transversal hace un corte seccional, es decir parcial, de “El Proceso Revolucionario” que no es equivocado en mi opinión, aunque sea parcial. Cierto. Porque el golpe anti democrático del 68 contra Arnulfo desató el inicio de una secuencia tipo dominó contra los derechos individuales, la decencia y los principios éticos básicos. Ha sido así antes cuando ha habido golpes. Sí. Yo, Flavio, comparto plenamente el fundamentalismo neurótico de Mauricio. Yo, como Mauricio, no hago concesiones en contra de los principios éticos. Al enjuiciar los crímenes contra la humanidad y los derechos individuales de “El Proceso Revolucionario” de Torrijos, estamos también enjuiciando todos los demás regímenes democráticos y antidemocráticos que en nuestra historia republicana cometieron desmanes más o menos equivalentes a los de “El Proceso” cuando pisotearon derechos básicos. Y esas denuncias e indignaciones nuestras están bien. Porque ningún crimen justifica otro crimen. Dicho esto hay que recordar que Torrijos Padre tenía un proyecto de integración de la jurisdicción territorial para completar la soberanía que llevó a feliz término con el apoyo de muchos académicos serios como yo provenientes en su mayoría de la clase media baja. Cosa que en el pasado nuestra clase oligárquica y liberal no pudo lograr. Y Torrijos, hay que añadir además, nacionalizó la vía interoceánica. Y estos méritos tampoco justifican los crímenes de “El Proceso”. Pero eso fue lo que sucedió. Cosas buenas y malas. Como en una secuencia bíblica, fuimos benditos con glorias celestiales y malditos con vergüenzas infernales. Una dicotomía existencial de la cual nadie se escapa al vivir la vida. Estoy de acuerdo con Mauricio que lo bueno que sucedió debió haber sucedido de otra manera distinta y decente. Pero no fue así. Porque usualmente lo que debe ser no es. No hemos vivido nuestra historia nacional, nunca, de manera políticamente correcta. Sucedió esa historia así como sucedió. Aunque no nos guste. Y esto no me hace para nada feliz, como tampoco a Mauricio. Y hay más. Torrijos, y esto es parte de mi propia experiencia personal con El General Torrijos, no tenía un proyecto militar, ni un proyecto anti democrático, para Panamá. Porque en el fondo de su propia conciencia no era militar, era civil o civilista, como se quiera decir. Y en esa conciencia que yo conocí y que no se conoce, había algo determinante que pertenece al mundo de la poesía, al mundo del idealismo, como el idealismo mío y de Mauricio. Hay que imaginar esta paradoja, aunque les de risa. Lo cual es saludable. Si les da risa. Porque en las condiciones de mediocridad, de incultura política, de desestimación académica (de la cual yo sigo siendo víctima) y de precariedad institucional (de lo cual TODOS seguimos siendo víctimas) que existía antes de la época de Torrijos y todavía y sobre todo hoy existe en la época de Martinelli, Torrijos logró imponer su impronta profunda a “El Proceso” e iniciar la aplicación de dos proyectos fundacionales que todavía hoy forman parte de nuestra sustancia constitucional. Primero: desmilitarizar la administración pública y, segundo, reinstalar la democracia partidista y representativa en la vida nacional. Trabajamos muchos como yo para hacer realidad esa visión. Y eso a él le costó la vida. Y a nosotros el olvido. Porque ese proyecto que a la larga no falló, afectó desde su inicio, las vanidades y las codicias de algunos personajes de su entorno, tanto de la clase dominante tradicional como de la clase dominante militar. De manera que, mi querido Mauricio para darte la razón, el norieguismo que siguió después fue sin duda un sub producto perverso del torrijismo, como lo pudo ser también de nuestra conciencia colectiva incompleta, pero lo fue como una desviación, como una acción de rechazo de muchos, algunos ricos y famosos y otros pobres y necesitados, a un proyecto de Torrijos tendiente a la maduración y al desarrollo de nuestros hábitos e impulsos ciudadanos. Y en fin de cuentas, todos sabemos hoy (y sabíamos) que la aventura de Noriega fracasó gracias a la vocación democrática del pueblo panameño y esa vocación sigue en pié hoy en día, que vivimos el retorno trágico del presidencialismo napoleónico. Porque esa vocación democrática está siendo nuevamente puesta a prueba. Como lo fue varias veces en nuestro pasado. Y no importa lo que pase hoy con motivo del régimen de Martinelli, la tendencia histórica de largo plazo de Panamá hacia la democracia y la búsqueda de la equidad saldrá, no importa cuán maltrecha, hacia adelante en un firme recorrido siempre ascendente y siempre más completo, como se ha mantenido desde 1903. Y esa fe mía personal en la capacidad de nosotros los panameños de ir hacia adelante a pesar de las pequeñeces intelectuales, de las falsificaciones de las realidades, de las intolerancias subjetivas, de los fanatismos, de las persecuciones y, por último, de los crímenes, etc, esa fe mía la quiero expresar y compartir entre nosotros. Todas las polémicas, por más trágicas que sean, tienen siempre algo en común, o sea, tienen una buena idea, una buena intención y unos buenos amigos que se estrellan y que se unen para lograr un fin común que es siempre mejor que la ausencia pasiva de enfrentamientos y adversidades. Siempre con afecto y cordialidad. Flavio.

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